EL CAMINO Y EL RIO

Toda ciudad posee un paisaje que explica su origen. En Luján ese paisaje no es la Basílica. Es el río. 

Mucho antes de convertirse en el principal centro de peregrinación del país, el valle del río Luján constituyó un territorio de humedales habitado por comunidades indígenas que encontraron en el agua, la biodiversidad y las tierras altas las condiciones necesarias para desarrollar sus formas de vida. El río fue sustento, camino, intercambio y paisaje. Fue el elemento estructurante sobre el cual comenzó a construirse la identidad del territorio.


Con la consolidación de la ciudad colonial y, posteriormente, con la construcción de la Basílica, aquel paisaje fundacional incorporó una nueva dimensión: la espiritual. El camino hacia Luján dejó de ser únicamente un recorrido territorial para transformarse en un recorrido simbólico. La peregrinación convirtió a la ciudad en destino y al paisaje en escenario de uno de los acontecimientos religiosos y culturales más importantes de nuestro país. Sin embargo, el crecimiento urbano del último siglo modificó profundamente esa relación. 


Las infraestructuras viales comenzaron a priorizar la velocidad sobre la experiencia de llegada. Los grandes espacios destinados al automóvil desplazaron progresivamente al peatón, mientras que el río fue perdiendo protagonismo hasta convertirse en un borde secundario, desconectado tanto de la ciudad como de los recorridos cotidianos.

Paradójicamente, el elemento que dio origen a Luján dejó de formar parte de la experiencia urbana.

Actualmente miles de personas llegan cada año a la ciudad impulsadas por la fe, la cultura, el turismo y el encuentro colectivo. Sin embargo, la llegada no expresa la magnitud del acontecimiento. Los accesos carecen de jerarquía urbana, los recorridos peatonales aparecen interrumpidos por infraestructuras pensadas exclusivamente para el tránsito vehicular y el río permanece relegado, sin participar de la secuencia que conduce hacia la Basílica. La gran rotonda constituye quizás el ejemplo más evidente de esta condición. Resuelve eficientemente el intercambio vehicular, pero no construye ciudad. Organiza movimientos, aunque no produce encuentros. Vincula calles, pero separa paisajes. Su geometría funciona como una barrera que fragmenta las cuatro orillas, interrumpe la continuidad peatonal y debilita la relación entre el río, el acceso y el principal patrimonio arquitectónico y espiritual de Luján.


Este diagnóstico permite comprender que el verdadero desafío del concurso no consiste únicamente en mejorar un acceso. El desafío consiste en reconstruir una relación histórica, rcuperar el vínculo entre el río, la ciudad y la peregrinación y volver a re-conocer(se) al paisaje como la principal infraestructura pública de esta hermosa ciudad.

ELCAMINOYELRÍO

UN NUEVO SISTEMA DE MOVILIDAD

Toda la propuesta surge a partir de una decisión conceptual muy simple: volver a unir aquello que el crecimiento de la ciudad fragmentó. El proyecto entiende que los sistemas de movilidad no deben resolverse de manera independiente, sino integrarse dentro de una única estructura territorial capaz de organizar el funcionamiento cotidiano de la ciudad y, al mismo tiempo, responder a la extraordinaria intensidad que producen las grandes peregrinaciones. Sobre esta idea aparece el D.A.T, concebido como un gran dispositivo de integración urbana. Elevada sobre el paisaje, esta infraestructura deja de entenderse como un puente para convertirse en una plaza pública suspendida, un espacio de permanencia y contemplación desde donde observar simultáneamente el río, el parque y la Basílica. Su geometría orgánica responde a la convergencia de los tres grandes sistemas de movilidad que estructuran la propuesta: el recorrido vehicular metropolitano, la red peatonal de peregrinación y la navegación sobre el río Luján.


La pieza no busca competir con la Basílica ni convertirse en un nuevo hito formal. Su función es ordenar el territorio. Actúa como un umbral de ingreso capaz de distribuir flujos, ofrecer nuevas visuales sobre el paisaje y construir una experiencia de llegada donde el espacio público adquiere nuevamente un papel central. Debajo de esta infraestructura se organiza todo el sistema de movilidad metropolitano. Sobre ella, el peatón recupera completamente el protagonismo y el movimiento libre para comenzar a complementarse y tomar protagonismo.

La propuesta reorganiza integramente la estructura de accesibilidad a la ciudad.

El nuevo Centro de Transbordo concentra el intercambio entre transporte urbano, interurbano, bicicletas y servicios complementarios antes del ingreso al casco histórico. Esta decisión reduce significativamente la presencia de vehículos particulares en el entorno inmediato de la Basílica, mejora la eficiencia del transporte público y libera grandes superficies destinadas actualmente a playas de maniobras y circulación. 

Durante una etapa transitoria, la terminal existente continuará prestando servicio a los recorridos urbanos. Una vez consolidado el nuevo centro de transbordo, su edificio podrá reconvertirse en un equipamiento de usos múltiples vinculado al parque, incorporando actividades culturales, comerciales, gastronómicas y de apoyo a la peregrinación. Paralelamente, la incorporación de un estacionamiento sobre el sector sur de la Basílica permite resolver las necesidades de trabajadores, personas con movilidad reducida y servicios sin afectar la calidad ambiental de los espacios públicos más representativos. La movilidad deja de organizar el territorio desde la lógica del automóvil para comenzar a hacerlo desde la lógica del encuentro.

LA RAMBLA / CORREDOR VERDE

La transformación más significativa del proyecto ocurre sobre la actual Avenida Nuestra Señora de Luján. Lo que hoy funciona como una vía de circulación intensa se convierte en una gran Rambla Verde donde paisaje, recreación, movilidad activa y peregrinación conviven dentro de un único sistema de espacio público. El río deja de ser un límite para incorporarse definitivamente al recorrido principal. Una secuencia continua de senderos, plazas, áreas de contemplación, anfiteatros naturales, miradores, embarcaderos, espacios deportivos y equipamientos acompaña el desplazamiento peatonal hasta la explanada de la Basílica. La vegetación nativa recupera el carácter ambiental del valle, fortalece la biodiversidad, mejora la infiltración del agua y reconstruye la memoria ecológica del paisaje ribereño. En cada tramo del recorrido convive una nueva formula de habitar el parque…Caminar + Descansar. + Contemplar + Encontrarse + Celebrar + Peregrinar.

La experiencia deja de estar determinada por la velocidad y comienza a organizarse alrededor del tiempo de permanencia.

UNA NUEVA FORMA DE LLEGAR

La llegada a Luján constituye uno de los momentos más significativos del proyecto. Desde el acceso regional, el paisaje comienza a revelar progresivamente el río, los humedales y, finalmente, la silueta de la Basílica. Automovilistas, ciclistas, navegantes y peregrinos participan de una misma secuencia espacial donde cada sistema conserva su identidad pero forma parte de un único relato urbano. La infraestructura deja de ser protagonista. El paisaje vuelve a ocupar el centro de la escena. La propuesta entiende que la verdadera puesta en valor del acceso a Luján no consiste en construir un nuevo objeto arquitectónico, sino en recuperar la relación entre la ciudad y aquello que le dio origen. Más que resolver un acceso, el proyecto propone reconstruir una memoria territorial.

Recupera el río como estructura urbana, el espacio público como lugar de encuentro y la peregrinación como una experiencia compartida donde naturaleza, patrimonio y comunidad vuelven a formar parte de un mismo paisaje.